LEGO: el carpintero que se quedó sin encargos y acabó inventando el juguete más famoso del mundo
Ole Kirk Christiansen empezó a hacer juguetes de madera porque en plena crisis nadie le encargaba muebles. Un incendio y una máquina de plástico después, su taller de pueblo se convirtió en la juguetera más famosa del mundo.
Un taller sin encargos
Billund, Dinamarca, principios de los años treinta. Ole Kirk Christiansen era carpintero y ebanista, con taller propio en el pueblo desde 1916. La crisis dejó a los granjeros de la comarca sin dinero para casas ni muebles, y el trabajo se secó de un mes para otro.
Para no cerrar, empezó a fabricar lo que sí se podía vender barato: escaleras de mano, tablas de planchar y, casi de rebote, juguetes de madera. En 1932 los juguetes dejaron de ser un complemento y pasaron a ser el negocio. Dos años después le puso nombre: LEGO, de «leg godt», juega bien.
La calidad no se negocia
En la empresa se cuenta una historia que resume su forma de trabajar. Su hijo Godtfred, que lo ayudaba de joven, quiso ahorrar dando dos capas de barniz a unos patos de madera en lugar de tres. Cuando su padre se enteró, le hizo ir a recoger el envío y volver a barnizarlos de noche. El lema del taller era que «lo mejor no es demasiado bueno».
La calidad no es un departamento: es lo que haces cuando nadie te está mirando.
Volver a empezar
En 1942, con Dinamarca ocupada, un incendio destruyó el taller por completo. Christiansen lo reconstruyó. Y en 1946 hizo algo que en el pueblo nadie entendió: compró la primera máquina de inyección de plástico que llegaba al país.
En 1949 salieron los primeros ladrillos de plástico que encajaban entre sí. Muchas tiendas los rechazaban: el juguete bueno era el de madera. La familia insistió. En 1958 su hijo patentó el sistema de tetones y tubos que hace que las piezas queden firmes y se puedan separar. Ese mismo año murió Ole Kirk.
Qué se lleva un fundador de hoy
- Cuando tu mercado se hunde, pregúntate qué sabes hacer y quién sí puede pagarlo.
- La calidad se decide en los detalles pequeños, no en los anuncios.
- Las grandes apuestas tardan: entre el primer juguete y la pieza definitiva pasaron 26 años.